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Historico de julio, 2014

Entrada

¿Eres inculto, abstemio o sus opuestos?

Esta mañana lluviosa, y los días lluviosos creo que son proclives para darle al tarro, venía yo de camino al trabajo pensando…”joder, ayer me compre un libro que me costo menos que el gintonic que me tome este fin de semana pasado… ¿y todavía hay gente que se queja de que la cultura es cara?“.

Recopilemos los hechos. Ayer me compre el que va a ser mi compañía en las cálidas tardes de verano, el libro “No nos dejan ser niños” de Pere Cervantes, un escritor que me llevo al cielo con su ultima novela “El Rompeolas” y que me devolvió a la tierra con su anterior libro “La Soledad de las Ballenas”. Pero como todavía tengo en la punta de los labios ese dulce sabor que me dejo ese rompeolas barcelonés donde un hombre y una mujer eran observados mientras el amor y la muerte batallaban mostrándonos que les había llegado a semejante lucha, he decidido darle una nueva oportunidad a mi amigo Pere y espero que no me decepcione con su inmersión en la novela negra.

Pero me desvío del tema. La cuestión es que el coste del libro no llego a 8€, menos de lo que puedo pagar por un gintonic, una botella de vino o una entrada de cine. Y me he acordado de la infinidad de veces que vemos en la tele gente protestando por el precio del cine y de la cultura en general… pero no recuerdo ver ninguna protesta por el precio de las copas en los bares o las botellas de vino en las cada vez más vinacotecas. Entonces llego a la conclusión que no nos importa gastarnos 8€ en tomarnos un gintonic en la terraza de moda del verano pero si que nos importa gastarnos ese dinero en comprar un libro con el que estaré entretenido horas o días, o en una entrada de cine.

Cualquiera de fuera de este país que lea esto podría pensar; los españoles o son incultos o son abstemios o son ambos opuestos de los que no se pasan la vida protestando por todo. Si que hay que protestar por algo que sea con razón, por favor, y obremos en consecuencia. Que de lo contrario habrá que decirle a los escritores que se dejen de escribir y monten un bar.